Fuentes, el pregón taurino
ContraquerenciaJesús Zárate
Carlos Fuentes falleció el martes pasado y con su partida se ha ido uno de los más grandes literatos mexicanos. No fue Premio Nobel de Literatura por sus antagonismos políticos, como aseguran los que saben del tema. Del legado literario deben y han dado cuenta los especialistas del tema. El aspecto no tan popular de Fuentes fue su afición por los toros.
Su gusto por la fiesta brava lo llevó a desempeñar el papel de Pregón Taurino de Sevilla en 2003. El papel del pregón es leer un documento para invitar a las corridas. Como no podía ser de otra manera, Fuentes y su Pregón conquistaron Sevilla. Para quien quiera consultar el texto íntegro, está publicado por la UNAM como Pregón Taurino Sevilla 2003. El prólogo es de otro distinguido taurino Juan Ramón de la Fuente.
“Yo fui un niño sin Fiesta. Creciendo en Santiago de Chile, Buenos Aires y la capital norteamericana, Washington, todas ellas ciudades sin corridas de toros, hube de esperar a mi regreso a México, para ver mi primer espectáculo taurino (...) Mi suerte no pudo ser mayor. Una tarde del año de 1945, me estrené como taurómaco principiante, villamelón certificado y al instante entusiasta aficionado, viendo torear en la plaza El Toreo a Manuel Rodríguez Manolete.
“Mas si alguno de mis sentidos artísticos aún dormitaba, esa tarde asoleada en la ciudad de México despertó en mí un tropel de emociones estéticas que iban del asombro a la admiración, a la duda misma que semejante entusiasmo me procuraba, al irresistible clamor de la multitud que con un solo, enorme alarido, tan vasto como el océano mismo que separa y une a España y México, coronó la faena.
“Viendo lidiar a Manolete en México, aquel lejano domingo de hace ya más de medio siglo, me di cuenta de la más profunda relación del alma hispánica y el alma mexicana. Mexicanos y españoles tenemos el privilegio, pero también la carga, de entender que la muerte es vida. O sea: todo es vida, incluyendo a la muerte, que es parte esencial de la vida.
“La fiesta brava es un acto hermanado de saber y de fe. La sociedad separa el conocimiento y la creencia. El rito taurino los reúne: en la fiesta, se sabe porque se cree y se cree porque se sabe La tauromaquia no se engaña ni nos engaña”.
Seguro que don Carlos sigue pregonando los toros desde donde se encuentre. Olé, maestro.










