Caso Whirlpool: crece proteccionismo comercial
Ramón Cota Meza
Un paso más del impulso al proteccionismo comercial: el gobierno de Estados Unidos decretó esta semana altas tarifas a lavadoras y refrigeradores grandes manufacturados en México. La decisión satisface una demanda de la empresa Whirlpool, la cual alegó que sus competidores venden productos a precios inferiores a sus costos. Si se confirma en diciembre, la medida afectará a empresas coreanas y americanas establecidas en México.
El pleito es confuso porque parece perjudicar a Whirlpool mexicana. Desde hace cuatro años, la matriz americana ha estado cerrando plantas en Estados Unidos por altos costos y caída de la demanda. Desde entonces ha anunciado planes para establecer toda su producción en México, donde tiene tres plantas y más de 10 mil trabajadores. Ahora maniobra para echar a las coreanas Samsung y LG, pero éstas afirman que ya no están exportando a Estados Unidos desde México. ¿Alguien entiende?
El punto relevante es que la medida fortalece el proteccionismo que muchos países han venido adoptando a causa de la crisis financiera global. México, Brasil y Argentina han protagonizado disputas comerciales las últimas semanas, y los tres tienen pleitos con Estados Unidos. La apertura dosificada al transporte mexicano en Estados Unidos (casi 19 años después de firmado el TLC) vino después que México puso altas tarifas a productos porcinos, avícolas y lácteos, las cuales costaron más de 26 mil empleos a su socio comercial.
Brasil ganó una demanda antidumping de algodón a Estados Unidos en la OMC, pero éste desobedeció la resolución. Brasil respondió entonces con altas tarifas a más de cien productos americanos. Para revertir el golpe, Estados Unidos ofreció a Brasil retirar las barreras sanitarias a la carne de res, mientras los observadores se preguntaban: ¿Importaremos carne contaminada según nuestros propios estándares? En cuanto a la disputa automotriz Brasil-México, Mazda anuncia que se establecerá en Brasil para ahorrarse problemas.
Otro caso muy sonado es el aumento de tarifas de Estados Unidos a paneles solares fabricados en China, lo que ha provocado dislocación del mercado del producto en Estados Unidos y represalias chinas a la exportación de vehículos grandes y comestibles americanos.
La OMC advirtió a fines de junio que las barreras comerciales —altas tarifas, licencias de importación y controles aduanales— crecen día a día. Según el organismo, los gobiernos han puesto en marcha decisiones estratégicas para promover sus propias empresas nacionales. La OMC misma está tan alicaída que aceptó el ingreso de Rusia sin compromisos del gobierno ruso para reducir la alta protección a sus propias empresas.
Pero el gobierno más orientado al proteccionismo ahora es el de Estados Unidos, que tiene la “Iniciativa de Exportación Nacional” desde marzo de 2010, cuyo objetivo es duplicar las exportaciones en cinco años. Otra política suya es la presión constante para forzar la apreciación de la moneda china a fin de encarecer las exportaciones y abaratar las importaciones de ese país desde el año 2003. El yuan se ha apreciado más de 7% en los últimos dos años sin mayor repercusión en las exportaciones de Estados Unidos.
La debilidad de las exportaciones americanas obedece a factores estructurales que difícilmente cambiarán por medidas comerciales. El factor más importante es la deserción de las empresas americanas de su propio país en busca de menores costos fiscales y laborales en otros países. Este desplazamiento fue alentado por el gobierno, tiene más de 30 años y está consolidado. Las empresas americanas no desean regresar a su propio país por más incentivos que se les ofrezcan. Como dijo Christopher Lasch en 1995: hay una “revuelta de las elites”.
Si las barreras comerciales no recuperarán la producción y el empleo en Estados Unidos, mientras la crisis financiera acumula pasivos, ¿cuál es la salida? Temo que la guerra, como ha ocurrido en el pasado. El conflicto ya está ocurriendo en Medio Oriente y Asia Central, donde los verdaderos contendientes son Estados Unidos e Israel, por un lado, y Rusia y China por el otro. En los últimos meses se ha encendido el foco del Mar de China, donde varios gobiernos hacen aspavientos por unas islas áridas y diminutas. Estados Unidos tiene un plan militar en marcha para contener la expansión de China.
La Primera Guerra Mundial empezó como guerra de tarifas comerciales, hasta que las partes llegaron a las armas para controlar recursos naturales. De esa guerra surgió la configuración geopolítica actual del Medio Oriente, que se complicó por el establecimiento del estado de Israel después de la Segunda Guerra. A pesar de la “primavera árabe”, la explosiva inestabilidad de la región crece día a día. Para algunos gobiernos y grupos radicales, la tercera guerra mundial ya está en marcha. Los vaivenes diplomáticos serían la fachada de un conflicto cuya verdad no puede ser declarada.
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